El Almirante Brown en mi ciudad

Me llamo Bianca Cajide y desde hace tiempo voy a una escuela situada en
la ciudad de Haedo llamada Instituto Almirante Guillermo Brown.
La primera vez que entré a la escuela,
lo primero que pensé fue ¿por qué hay tantas cosas referidas a los barcos?, parecía hasta que respiraba el aire
del mar e imaginaba que estaba en
uno de ellos, tripulado por grandes personas, amables, trabajadoras,
con coraje, y también había muchos marineros ruidosos que corrían
contentos y ansiosos por la travesía
que empezaba.
Poco a poco fui aprendiendo muchas
cosas y me di cuenta que aquello no
era un barco, sino un lugar educativo
con un nombre tan importante que me llevó a investigar más acerca del significado de él. ¿Quién era? ¿Qué
hizo por mi país? Comencé mi investigación observando una estatua blanca, imponente, en la entrada de
mi escuela…
Ese hombre, con gesto duro y
uniforme naval, era el Almirante Guillermo Brown, nacido en Foxford, Irlanda, el 22 de junio de 1777. Él
fue el primer almirante de la Fuerza
Naval Argentina que consagró su vida
al servicio de su patria por adopción. Relacionado con las luchas por la Independencia Argentina, a la guerra
del Imperio del Brasil y a las luchas
civiles del período de Rosas.
Me quedé mirando por un rato el
hermoso monumento, mientras,
trataba de saber cómo había llegado
ahí. Pronto averigüé que alrededor
de 1960, el Instituto Hidrográfico de Geografía Argentina, en la Semana Browniana, lo donó a la escuela.
También aprendí que era un “busto” de yeso labrado, apoyado sobre un
pilar con placa de bronce.
De a poco voy entendiendo la
importancia relevante que tiene
y por qué está a la vista. Mi interés crece más cuando, frente
al busto, diviso un timón y un ancla,¿qué habrá hecho el Almirante con
tales elementos?
Buscando en distintos lugares indagué
que aquello se utilizaba en “fragatas”
que el Almirante usó en varias
batallas, así como también
bergantines, cañoneras y goletas.
En 1827, con la goleta “Sarandí”,
burlando la vigilancia enemiga y derrochando coraje, ganó la
batalla llamada “Combate de los Pozos”.
Este óleo realizado por un pintor,
De Martino, ilustra y hace que mi imaginación vuele llegando a
comprender por qué se le dice al
almirante “Padre de la Patria en
el Mar”.
Mientras pienso cuan importante
fue la historia de este gran hombre,
me interrumpe la directora del colegio
que, como si fuera una “guía naval”,
me cuenta que uno de los objetos
que describí (timón) se denomina verdaderamente “rueda de cabillas”
y que junto con el ancla de hierro
negro, también fueron donados por
el Instituto Hidrográfico.
Hoy estoy más grande, ya conozco
la historia de mi querida escuela
y del Almirante.
Pasó mucho tiempo de ese primer día
de clase en que creí estar en un barco imaginario…, pero ahora, a veces, sólo
a veces, sigo imaginando que entro
a la “goleta” para que, junto con mis amigos y maestros, naveguemos los
mares del saber, siguiendo el ejemplo
de honor y coraje que nos dejó ese
gran hombre…
“(…) prometo no olvidarte, querida
escuela mía, rincón donde el maestro
nos dio el corazón, de ti me llevo el nombre, la ciencia, la alegría y un
sueño de almirante, del gran Guillermo Brown (…)”.
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